Durante mi estancia
en los Estados Unidos, me golpeó la crisis de la mediana edad. No me dio por el
descapotable y la rubia, vicios caros, difíciles de mantener y con los que mi
esposa no estaba muy de acuerdo. Tampoco por la Harley-Davidson o el viaje a
Turquía para un necesario implante de mata capilar. No, mi crisis de los 40 me
envió al pasado, pero no traté de recuperar emociones ni experiencias de tardo
adolescente. Yo, lo que parecía echar de menos era una época aún más infantil.
Haciendo un inciso,
noto que algunos críticos y expertos en múltiples materias (e incluyo a Alan
Moore, excelso escritor tan talentoso como enloquecido y al que admiro y
respeto) opinan que la proliferación de películas de super héroes y la afición
por la nostalgia y lo retro se debe a la infantilización del hombre adulto. Yo
les digo que “rebota, rebota y en tu culo explota”. Sí, mis aficiones
son infantiles, me gusta coleccionar juguetes. Pero también tengo un doctorado,
todavía me defiendo en un campo de fútbol, poseo un gancho de izquierda
bastante potente, pago mis impuestos y acabo de invertir un dineral indecente
en una casa en la campiña inglesa, así que infantil tú y tururú.
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| Lo del descapotable y la rubia lo tuve de guaje jugando al Out Run |
Porque hoy por hoy, a la gente le gusta etiquetar a otra gente. Simplifica y genera bandos, y habiendo bandos se necesita pensar menos y más sencillo tomar posiciones. Por eso, de chaval, yo me posicioné, de manera natural, en el bando de los Cobra, y hoy, de viejuno, sigo del lado de mi Comandante, la Baronesa y el inepto de Destro.
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| Los Cobra molán más. Punto. |
Así que con los 40 recién cumplidos comencé a coleccionar figuras de la colección GI Joe. La intención era recuperar las que tuve en su momento y traer a mi memoria buenos recuerdos. De las aproximadamente cincuenta que se agolpan en mi estantería destacaría diez de ellas, no por belleza o valor económico, si no porque coleccionar estas tonterías tiene una relevancia histórica y sentimental.







