lunes, 20 de diciembre de 2021

SPIDER-MAN: NO WAY HOME (2021)

 

Corría el año 2002. El año del euro, del corralito o de la oveja Dolly con artritis. El rey emérito era rey, el SARS una broma comparado con lo que vendría y Villa goleaba para un Sporting capaz de imponerse en el Calderón mientras el Depor ganaba la copa del Rey.  Otros tiempos, qué duda cabe. El año de Spider-man, maldita sea. De aquella todavía pronunciábamos “espíderman” y nos dejábamos de anglogaitadas. Tobey Maguire era un chico de cara triste y Kirsten Dunst la única pelirroja disponible en tiempos en los que Jessica Chastain ni había debutado y Bryce Dallas-Howard cumplía 13 años sin saber lo que le deparaba el futuro.

El Universo Marvel, donde el 73% de las mujeres son pelirrojas

Así que allí nos fuimos, al cine en manada, a ver de una maldita vez a nuestro héroe favorito en la gran pantalla. Una gozada, si me lo permiten. Sam Raimi dio en el clavo y nos entregó al Peter Parker que necesitábamos. Y por si acaso nos quejábamos de algo, por allí rondaba Randy Savage, el futuro marido de Sofía Vergara, la siempre salerosa Elizabeth Banks, Xena con pintas de tirada, el glorioso Bruce Campbell y ese actorazo que es y será J.K. Simmons. Nada podía salir mal, y nada salió mal. Si acaso ese Duende Verde escapado de alguna reposición de los Power Rangers, pero quién se iba a quejar si tras el casco estaba ese pirado delicioso que es Willem Dafoe

Tampoco estaba tan mal

Años después repetimos. Se subió al barco un tipo con cuatro patas metálicas y el Doctor Octopus se convirtió en un icono. Lo que vino después no tuvo tanta gracia. Raimi perdió el timón, Electro se convirtió en una broma y Gwen Stacy murió sin que a nadie le importara un pimiento.

Peter Parker, jurando venganza desde 1973

Así que llegó Disney y, casi 20 años después alguien pensó que, para bien o para mal, era bueno traer de vuelta a todo aquello que hizo de Spider-man una leyenda del séptimo arte. El multiverso estaba a punto de nacer y vino en el momento justo. Es ahora, más que nunca, cuando necesitamos este tipo de cine. Divertido, de escasas pretensiones y que nos recuerda tiempos pretéritos, quizá no mejores, pero diferentes. Y en pantalla aparecen todos aquellos personajes que nos alegraron diez, quince, veinte años atrás, y nos dejamos llevar por el ruido, los fuegos artificiales y un guion sencillo que recuerda a alguno de aquellos “Marvel Team-up” que teníamos tirados en la habitación. Aquellas historietas en las que Ben Grimm y Peter Parker luchaban contra Basil Elks. Esos tebeos en los que dos héroes eran necesarios para vencer a Turner D. Century. Tramas simples que leer bocadillo de nocilla en mano.

Turner D. Century, villano de leyenda

No es necesario que Spider-man: No way home sea la mejor película de la historia. No necesita serlo. Es una película que apunta a otros sentimientos. Que hace que el chaval que se sentó en el patio de butacas en 2002 vuelva a este 2021 y se asome a un multiverso sin mascarillas, sin virus, sin lamentos. Durante dos horas y media, unos tipos en mallas van a dar vueltas en la pantalla, abrazarse, reír y llorar. Enemigos mortales se dedicarán a hacer maldades y nuevos amigos nos enseñarán (otra vez) que todo gran poder conlleva una gran responsabilidad. Y, ¿qué tal la película? A usted puede que no le guste. Para mí, maravillosa. El cine son sensaciones que no todos vivimos igual. Es por eso por lo que los que en 2002 estuvimos semanas dando el coñazo con la peli de Spider-man saldremos del cine con una sonrisa en los labios. Gran noticia en los tiempos que corren

Y por fin Electro se parece a Electro


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