No seré yo el que proteste contra el entretenimiento simple y descerebrado. Después de una larga jornada laboral, no a todo el mundo le apetece llegar a casa y cebar su mente con una buena ración de filosofía presocrática o algún estudio de la situación geopolítica en Ulán Bator. Si nos pasamos al séptimo arte, no todas las tardes son buenas tardes para enfrentarse a algún sesudo thriller o a ese drama que te congestiona el alma. De vez en cuando, es bueno que las sinapsis aflojen y que el estrés diario desaparezca por el costado. Yo, este año he disfrutado la nada cerebral y bastante fiel al cómic serie de Hulka, She-Hulk allende los mares. Una serie sin pretensiones, rijosa, que adapta con respeto el material de origen y que permite media hora de solaz relax (salvo para algunos nenúfares de derechas que se han visto sobrepasados por una serie de televisión basada en un cómic con más de 30 años de antigüedad). Claro que eso no quiere decir que todo valga en el campo del entretenimiento televisivo. Willow, por poner un ejemplo nacido, como no, de la productora Disney (al igual que la buena de Hulka), es una serie aburrida y atorrante que, pese a intentar ser liviana y afable, se convierte en un tostón indigno de dedicarle diez minutos.
viernes, 13 de enero de 2023
sábado, 10 de diciembre de 2022
LA EDAD DE ORO DEL PERIODISMO DEPORTIVO
Periodismo
deportivo en vena. Escena primera. En un cuartucho se juntan, entre otros, Juanma
Castaño, Julio Maldonado y Juan Antonio Alcalá, ¿qué puede
salir mal? De los tres, solo el último parece haber terminado la carrera de
periodismo y digo esto sin la pretensión de sonar elitista, pero imaginen la
siguiente situación. Está usted muy enfermito y, como en los malos chistes,
necesita de un médico, un biólogo y un abogado. Los tres se presentan en su
casa y le dicen que nunca acabaron la carrera o que estudiaron bellas artes,
pero que esto de la cirugía, la inmunohistoquímica o el derecho se les da de
muerte y es a lo que se dedican ¿Aceptarían a este tridente de artistas como su
cirujano, como el tío que le analiza un posible tumor o como su representante
legal? Yo tampoco. En el periodismo deportivo sí vale no acabar la carrera. Da
una idea del nivel de la profesión. Claro que visto lo que está pasando, quizá
tener un título de periodismo solo sirve para hacer peor tu trabajo.
domingo, 4 de diciembre de 2022
COLECCIONANDO GI JOE
Durante mi estancia
en los Estados Unidos, me golpeó la crisis de la mediana edad. No me dio por el
descapotable y la rubia, vicios caros, difíciles de mantener y con los que mi
esposa no estaba muy de acuerdo. Tampoco por la Harley-Davidson o el viaje a
Turquía para un necesario implante de mata capilar. No, mi crisis de los 40 me
envió al pasado, pero no traté de recuperar emociones ni experiencias de tardo
adolescente. Yo, lo que parecía echar de menos era una época aún más infantil.
Haciendo un inciso,
noto que algunos críticos y expertos en múltiples materias (e incluyo a Alan
Moore, excelso escritor tan talentoso como enloquecido y al que admiro y
respeto) opinan que la proliferación de películas de super héroes y la afición
por la nostalgia y lo retro se debe a la infantilización del hombre adulto. Yo
les digo que “rebota, rebota y en tu culo explota”. Sí, mis aficiones
son infantiles, me gusta coleccionar juguetes. Pero también tengo un doctorado,
todavía me defiendo en un campo de fútbol, poseo un gancho de izquierda
bastante potente, pago mis impuestos y acabo de invertir un dineral indecente
en una casa en la campiña inglesa, así que infantil tú y tururú.
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| Lo del descapotable y la rubia lo tuve de guaje jugando al Out Run |
Porque hoy por hoy, a la gente le gusta etiquetar a otra gente. Simplifica y genera bandos, y habiendo bandos se necesita pensar menos y más sencillo tomar posiciones. Por eso, de chaval, yo me posicioné, de manera natural, en el bando de los Cobra, y hoy, de viejuno, sigo del lado de mi Comandante, la Baronesa y el inepto de Destro.
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| Los Cobra molán más. Punto. |
Así que con los 40 recién cumplidos comencé a coleccionar figuras de la colección GI Joe. La intención era recuperar las que tuve en su momento y traer a mi memoria buenos recuerdos. De las aproximadamente cincuenta que se agolpan en mi estantería destacaría diez de ellas, no por belleza o valor económico, si no porque coleccionar estas tonterías tiene una relevancia histórica y sentimental.




