domingo, 31 de octubre de 2021

EL DOCTORADO DE BLOSSOM

Siempre he tenido un gran respeto por los científicos. Claro que, en general, creo que hay que respetar cualquier profesión, más que nada porque soy de aquellos que consideran que cualquier trabajo es indispensable. Como muestra, un botón. Llegada la pandemia, la Universidad de Long Island decidió ahorrarse un dinero prescindiendo de gran parte de sus operarios de limpieza. Como resultado, ir a orinar en cualquiera de los baños de la escuela de Farmacia se convertía en una batalla campal con hordas de blatodeos, orden que engloba a las cucarachas y sus parientes cercanos. Hacer aguas menores se convirtió en misión improbable porque resultaba difícil mear mientras me vigilaba una miríada de seres con ojos compuestos. Concluyendo. Sin los de la limpieza, daba igual que yo fuese allí a trabajar cada día porque era imposible rendir de manera adecuada y mi salario se estaba tirando al sumidero mientras yo perdía ratos en buscar donde evacuar con tranquilidad.

Esto me pasaba cada dia. También soy yo muy de trabajar en ropa interior

Sin embargo, y preveo una entrada larga hoy, hay mucho científico que se da golpes en el pecho a tenor de su título y su formación, esgrimiéndolo como gran logro que hace palidecer los triunfos de otros con menor talento y habilidad. Uno de esos elementos, grandes científicos de enormes palabras, es la señora Mayim Bialik. Blossom, para los de mi era. Actriz de cierto talento para la comedia, se empeñó en hacer circular una historia sobre sus logros como neurobióloga. Tras ver un episodio de Big Bang Theory en el cual el personaje de Bialik come en el laboratorio con los guantes puestos, me vino a la cabeza que era imposible que esta chica hubiese puesto un pie en un espacio donde se trabaja con muestras humanas. Así que la pregunta es ¿neurobióloga? ¿de qué?

Vale, yo también comí torreznos una vez en el labo, pero estaba empezando, era joven...

martes, 12 de octubre de 2021

LA ÚLTIMA CACERÍA DE KRAVEN

En la historia del cómic hay tebeos muy malos, tebeos horrendos, infames, horribles, ignominiosos, infumables, de McFarlane, auténticamente desastrosos y horripilantes. Luego hay historietas divertidas, entretenidas, que se dejan leer, algo de Remender, para pasar el rato. Subiendo un poco más arriba, allá a la izquierda, te encuentras buenos cómics, grandes historias, buenos personajes, momentos espectaculares, un Largo Halloween para Jeph Loeb. Si miras al cielo aparecerán brujerías de Ibáñez, renacimientos de Frank Miller y puede que alguna obra cumbre del noveno arte. Más allá de las estrellas perduran historias paridas en momentos ocasionales. Escasas, mágicas, sensacionales. La historia de hoy está en un punto elevado de la constelación de buenos cómics. Por debajo de otros, pero por encima de muchos

El Largo Halloween, momento de lucidez para Loeb y Sale

jueves, 30 de septiembre de 2021

ESPAGUETI BREXIT

Cuando el señor Trump tomó el mando de los Estados Unidos, el shock que golpeó a algunas de las voces discordantes con el presidente (léase Stephen Colbert o similares) fue el darse cuenta de que un tarado con menos luces que un barco pirata había tomado al asalto el sillón de presidente. Les dolía tanto Trump que no se pararon a pensar en que allí había llegado un señor auspiciado y apoyado por los votos de sus conciudadanos en una elección legítima y libre. Durante cuatro años, los enemigos del presidente utilizaron sus plataformas y su talento para descargar fuego y furia sobre el loco del pelo rojo. Sin embargo, pocos apuntaron a la base del problema (Jordan Klepper y pocos más). Que un demente se siente en el trono gracias a la voluntad de sus súbditos dice más de los votantes que del votado. Es por ello por lo que, aunque diluido, el problema que llevó a Estados Unidos a convertirse en una broma colosal sigue ahí. Posiblemente por mucho tiempo.

Quizá la mayor diferencia entre Donald y su primo de este lado del océano Atlántico, el señor Boris Johnson, es que Trump no mentía durante su campaña. Se mostró abiertamente al mundo y expuso sus ideas libre y claramente. Los mejicanos eran un problema, los musulmanes otro, los socialistas, los comunistas, estos y aquellos. Basó su triunfal estrategia en enemigos inexistentes en los que él, y muchos como él, creían y creen a pies juntillas.

Por otra parte, las travesuras que llevaron a Boris al lugar donde está hoy en día se basaron en conceptos más espurios y etéreos. Los votantes a favor del Brexit podían elucubrar sobre la pérdida de soberanía o las diferencias culturales con respecto a los europeos, todos ellos conceptos menos concretos que el peligro que supuestamente traían consigo a territorio estadounidense los violadores narcotraficantes y cantantes de rancheras. Como al final somos todos primos hermanos, resultaba ser que los Brexiters estaban principalmente preocupados por la inmigración masiva que eliminaba puestos de trabajo y obligaba a los buenos ciudadanos de la Reina Isabel a sufrir el paro, la miseria y la ignominia.

Así que se vota y gana el Brexit. Todo bien, sigan jugando. Yo, particularmente, no he encontrado ningún problema o falta desde que llegué a estas tierras. Como me pasara en los territorios estadounidenses o en tierras neerlandesas, el recibimiento de los hijos de la Gran Bretaña fue de lo más cordial y en esas seguimos. El problema es que la vida escribe dramas que merecen contarse y, en este caso, esta eterna introducción sirve únicamente para trasladar la breve historia que llegó a mis oídos hoy por la mañana.

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