Resulta difícil hacer, hoy en día, una película que haga disfrutar a los
que crecimos con el séptimo arte de los ochenta y noventa. Somos gente vieja,
caduca y obsoleta. Mareados por los giros de cámara, por los personajes vacuos
y las historias sin rumbo. Tan incapaces de recordar los nombres de los héroes
de acción modernos como de olvidar aquel primer encuentro con Indiana Jones,
Número 5 o aquel cabrón de Gremlin de pelo blanco. La memoria y la nostalgia
ocupan un primer plano y causan tal telón de acero que pareciera que somos
impermeables a nuevos conceptos. Es por ello por lo que recomiendo disfrutar de
esta “De amor y monstruos”. Una película clásica, con sus limitaciones y
sus maravillas.
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| Los efectos especiales están muy bien |
Se dio la coincidencia de que empezamos a ver esta peli tras visionar parte
de “Super 8”. En 2011, Spielberg
y JJ. Abrams intentaron traernos las aventuras de nuestra niñez.
Historias que incluían habitualmente a un grupo de prepúberes corriendo hacia la
aventura que significa hacerse adultos. El pasado y el presente de los
blockbusters entregaron una película correcta, pero tan forzada que era incapaz
de retrotraernos a nuestra infancia. Los que crecimos en la prehistoria nos enamoramos
de la belleza de lo simple y esa belleza está plasmada en la historia que nos
entrega este año un director casi novel, Michael Matthews, que con lo que
Marvel se gasta en café nos entrega esta aventura que no engaña a nadie
ya desde el título. Incluye amor y monstruos.
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| Super 8 y los molestos brillos de JJ Abrams |







