En 1945 el centro de prisioneros
de Dachau es liberado por las fuerzas estadounidenses. Al frente de los
comandos se encuentra un hombre conocido, qué contradicción, como “El soldado desconocido”. Sin nombre, sin
rostro, sin familia. El horror tras las puertas del campo de exterminio nazi es
demasiado para él y, enloquecido, el Soldado desconocido abre fuego sobre los
rendidos guardianes alemanes.
Cronológicamente, éste sería el
inicio de la historia de “El soldado
desconocido” que Garth Ennis
escribió en 1997. Sin ser un fan de este escritor norirlandés, sí que me llamó
la atención este comic desde la primera vez que lo pude hojear. Se trata de un
tebeo con múltiples lecturas, la primera y más evidente, una clara posición
frente al militarismo y la intrusiva política exterior norteamericana.
El comic nos cuenta como el
agente Clyde de la CIA sigue una extraña pista que le lleva de un caso sin
importancia a pisar los talones del Soldado
desconocido. Sus informadores le relatarán cada masacre y cada paso que el
veterano agente enmascarado del servicio de defensa estadounidense ha tenido
que cometer por el supuesto beneficio de su nación.
Los pactos con el Shah de Persia, las matanzas en Vietnam
o las masacres en la Nicaragua sandinista son solamente muescas en el cinturón
de un soldado que vive para perpetuar el sueño americano de una guerra eterna.
El Soldado desconocido es simplemente un monstruo originado por y para la destrucción
y la muerte. Nacido en la guerra para sublimarla como arte, sus acciones son
despiadadamente útiles para el gobierno que representa.
Sin embargo el Soldado
desconocido ha sido engañado. Al descubrir que el gobierno estadounidense había
pactado con altos dirigentes nazis su liberación, extradición y posterior
servicio en la próxima “Guerra fría” con los soviéticos, el ahora veterano soldado
que sintió estar del lado del cielo en Dachau no lo resiste y se rinde a la
evidencia que le muestra que ha servido a un gobierno corrupto que ha velado
por intereses propios alejados del patriotismo, la honestidad o la decencia.
Encaminado a la retirada, el Soldado
no se rinde y busca un sustituto. Aun habiendo sido engañado, es consciente que
la guerra es parte fundamental de la historia de los Estados Unidos. Está en su
sangre, en su misma fundación. Alguien ha de heredar su manto y el elegido es
el agente Clyde.
Sin embargo el solitario agente
de la CIA no es la herramienta que Estados Unidos necesita. La búsqueda del
Soldado desconocido inició una cadena de acontecimientos que originó la muerte
de una mujer. Una simple compañera de trabajo que sonrió a Clyde una vez. Nada
más. Clyde solo busca la verdad sobre el Soldado. Puede ser un loco soñador, un
romántico, un boy scout, pero no es un monstruo y en el cementerio de
Arlington, Clyde y el Soldado, cara a cara pondrán las cartas sobre la mesa.
Puede que el Soldado deba existir para servir a los Estados Unidos, pero para
ello debe aceptar su propia condición como arma y como monstruo, y Clyde no está
dispuesto a hacerlo.
A grandes rasgos esa es la
historia narrada por Ennis y Plunkett en cuatro arcos. Una historia
sucia, dura y desesperada. Una manera de narrar la vida de los Estados Unidos
desde el reverso tenebroso de una nación abocada cada día al conflicto bélico
pero decidida a esconder esa actitud tras altos muros. Un excelente comic con
una trama tan sencilla y amena como dura y con un desenlace tenso y dramático perfectamente
narrado y escenificado. En un momento en el que Hollywood escarba dónde sea en
busca de ideas, aquí les dejo una.
Clint Eastwood delante y detrás de la cámara, escenas bélicas
impresionantes y un thriller de acción político de alto nivel.
Yo pagaría por verla.


